El era un muchacho normal,
mejor decir sujeto a las normas.
Normal entonces era,
por su edad que estudiara,
por su credo que fuera a misa,
por su género que tuviera novia.
Ella era una chica normal,
es decir como él.
Llevaban una relación normal,
pero dentro de ciertas normas.
Pasaban los días platicando,
y tomando mates,
unas veces en el patio,
otras veces en el living,
según la temporada.
Los besos y las caricias,
eran a veces,
declaraciones de amor,
otras veces,
premios por la atención,
que se prodigaban.
No importaban,
cuantas veces,
se dijeran que se amaban,
nunca eran suficientes.
Era normal entonces,
que su relación diaria,
comenzara con estas declaraciones,
y terminara igual.
Se tenían confianza mutuamente,
y se confesaban,
todos sus secretos,
casi cotidianamente.
Normal era entonces,
que salieran de vez en cuando,
o a comer afuera,
o a ver películas de cine,
o a bailar a algún boliche.
Y normal era que ambos,
se buscaran algún trabajito,
para costear sus salidas.
Cuando no podían salir,
se quedaban en la casa,
y preferían la radio,
que la televisión,
una porque no era,
una película que acababa,
lo que les daba mas tiempo juntos,
y otra porque era una pantalla,
que no dejaba oir sus besos,
cuando quedaban solos.
Los trabajitos servían también,
para hacerse regalos.
Atenciones estas,
que eran muy bien premiadas,
con sus correspondientes,
besos y caricias.
No faltaban las cartitas de amor,
adornadas con flores y corazones.
Y de vez en cuando,
con cofesiones de secretos deseos.
Que cuando eran viables,
los planificaban,
tan meticulosa,
como secretamente podían.
Y así eran sus días.
Una de sus confesiones secretas,
era ir a ver películas al cine ,
y desear tocarse ,
tanto como pudieran.
Otra era ir a bailar,
y desear hacerlo,
tan pegados como pudieran.
Cuando lograban,
hacer realidad sus deseos,
era nomal festejar,
cuando menos con unos mates,
mientras se contaban,
que parte les habían excitado más.
Lo que hacía que esta rutina,
a medida que más se conocían,
se convirtiera en una espiral,
de confesiones de deseos,
en sus cartitas de amor,
que eran por lo tanto,
cada vez mas largas,
y obviamnete mas excitantes.
Ya a estas alturas,
cada carta de amor,
era un acontecimiento,
que merecía primero un premio,
la más de las veces,
besos y caricias,
otras veces otra cartita de amor,
que por lo general,
ya leían cuando estaban solos.
Aunque esto implicaba a veces,
el dejarla para leerla después,
cuando cada quien,
quedaba solo en su casa.
A estas alturas de la relación,
las despedidas eran,
cada vez más largas,
y los reencuentros,
más románticos y efusivos.
Y las cartas eran guardadas,
con más hermetismo.
Eran tan largos los reencuentros,
y las despedidas,
que había que invitarlos a entrar.
Otra forma de festejar,
los deseos hachos realidad,
era comiendo algo rico,
lo que los hacía intercambiar,
chocolates y bombones,
cada vez más a menudo,
aunque a estas alturas,
ya no los conformaba,
nada mas que salir a cenar.
Ambos tenían una colección,
de papelitos de chocolates y bombones,
y de servilletas de bares,
con todo y fecha escrita,
que guardaban celosamente.
Ya la cosa no pasaba por largas cartas,
era suficiente recordar,
un papelito de bombón,
una servilleta de papel de un bar,
para antojarse de todo,
lo que este implicaba.
Lo cual los había tornado,
unos verdaderos antojadizos,
que solo deseaban saciarse.
Los deseos de algo rico,
ya eran tan urgentes,
que se habían transformado en gula,
lo cual a veces,
era motivo de desencuentros,
porque no se aguantaban,
las ganas de darse un gusto,
y se quedaban por ahí,
para saciarse entusiastas,
y llegaban tarde a la cita diaria.
O les prodigaba a ambos,
serias amonestaciones,
a la hora de las confesiones,
religiosas claro está.
Lo cual había derivado,
en las penitencias,
y estas en otros desencuentros,
ya que uno estaba antojado de algo,
que a veces el otro no podía,
debido a estas penitencias.
Los desencuentros,
eran dignos de anécdotas,
que usualmente se contaban,
los de gula eran los mas festejados,
ambos se envidiaban el estómago,
que tenían para tanto.
Los de penitencia,
ya eran rayanos en masoquismo,
porque estas ya eran humillantes.
Pero ambas cosas les daba ímpetu,
para seguir adelante,
Hacía mas comprometido,
el amor que se prodigaban.
Tanto compromiso,
había entre ambos,
que les daba seguridad
y esta a su vez la paz.
Paz que no querían perder,
y que por más que los desencuentros,
generaran a veces rencillas,
los obligaba a hacer,
presisamente las paz.
Hacer la paz,
merecía festejo,
lo cual era usualmente,
besos y caricias.
Y los besos y caricias,
traían más amor,
y esto era bueno.
Era tan bueno esto,
que a veces se preguntaban,
de dónde venía,
y esto los llevaba,
a pensar en Dios,
y consecuentemente,
a darle las gracias.
Así que tenían que ir a misa,
aunque más no sea,
a dar las gracias.
Tan agradecidos estaban,
que a veces hacían promesas,
y pedían más,
más días de amor,
más días de compañerismo,
más días de lealtad,
más días de gracia.
cierto Domingo,
después de un día sin verse,
el la encontró en cama,
al parecer no estaba bien,
no tardaron en dejarlos solos,
y entonces él preguntó,
-¿cuál es la anécdota?
pensando en un seguro atracón,
Ella le contó que había salido,
con sus primas a bailar,
y la habían violado.
El todavía no volvía en sí,
cuando ella prosiguió,
en realidad tengo una buena
y una mala noticia,
y viendo que él aún no reaccionaba,
le dijo,la buena es...
que prometí entregarme toda a vos,
si esto alguna vez me pasaba,
acto seguido se destapó,
y lo metió en su cama.
Solo Dios sabía,
cuanto él había deseado,
ese hermoso momento,
que lo satisfizo.
Yo también hice una promesa,
prometí amarte hasta el fin,
ella le dijo,
es que yo pedí una cosa...
que si esto me pasaba prefería morir,
y vos ¿que pediste? inquirió,
yo pedi mi amor,
morirme con vos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario