Lorenzo era...
por decirlo de elgún modo,
medio chapado a la antigua,
sobre todo en religión,
era tan apegado,
al antiguo testamento,
que parecía judío.
Pese a que escuchaba,
a menudo la voz del señor,
muy dentro suyo,
era desconfiado.
Es más ya de antemano,
lo condenaba seguido,
"si el que tiene que hacerlo...
nunca lo va a hacer"
solía decir refiriendosé,
al pasaje del apocalípsis,
donde figura la condena,
que recibiría el Diablo,
de mil años de encierro,
que según sus cuentas era poco,
comparado con la vida,
que según el nuevo testamento,
deberían dar por muerta,
para entrar en el cielo.
No, con toda certeza,
deberían matarlo,
pero "si el que tiene que hacelo
no lo hace..."
Frase que ya era para él,
Toda una filosofía.
El siempre cuidaba de hacer,
lo que tenía que hacer.
Por eso no le asombraba nada,
cuando escuchaba las noticias,
todo era culpa del maligno,
y "no hay nada que hacer"
era su juicio infaltable.
Su pregunta implacable,
era sin lugar a dudas,
¿quien debe hacerlo?
la respuesta lógica,
"el Señor,debe hacerlo"
a lo que le seguía,
¿y si el Señor no lo hace?
¿que se hace?
cuya respuesta lógica era "Nada"
ergo"no hay nada que hacer"
era la conclusión,
a la que llegaba.
Podrían decir,
que su carácter era apocado,
pués ciertamente,
no pensaba en ser,
justamente un héroe.
Pero su filosofía,
tenía su lógica.
Y la aplicaba en todo,
para saber llegar,
a la conclusión,
de quien era el Señor,
que no hacía esto o aquello.
Aunque su conclusión,
en estos casos,
era que eran corruptos,
o si les simpatizaban,
"dignos hijos del Señor"
Pero ahí no terminaba,
su pesimismo.
Le gustaban las mujeres,
solía repetirse a si mismo,
"no es bueno
que el hombre esté solo",
y las miraba y admiraba a todas,
pero luego recordaba,
que ya tenía contadas,
todas sus costillas,
y no le faltaba ninguna,
y entonces al verlas pasar,
se decía resignadamente,
"seguro que no es para mí"
Pero por algún extraño motivo,
los pensamientos,
le surgían siempre,
en ese órden.
Era tan desconfiado,
algunas veces,
que cuando una mujer,
le causaba algún pálpito,
se pasaba la mano,
muy disimuladamente,
por sobre las costillas,
para asegurase,
de que estuvieran todas.
No fuera a ser cosa,
que la mujer de su vida,
pasase frente a él,
y él no la reconociese.
Sería como perderse,
el tren de la vida.
Cierto día pasó una vecina,
de su misma edad,
y sintió un fuerte pálpito,
pasó disimuladamente,
sus manos sobre sus costillas,
y para su sorpresa,
había un espacio vacío.
No demoró en abordarla,
y para su asombro,
ella lo consintió,
en todo lo que le pidió.
El no podía dejarla,
pensaba para sí,
y se quedó con ella hasta la noche.
Para luego regresar a su casa,
No sin antes despedirse de ella,
con unos cuantos "cuidate".
Como no hubiera,
una razón de fuerza mayor,
el estaba simpre con ella,
desde aquel momento,
inclusive algunas noches,
que en la casa de ella,
le aceptaban quedarse.
Nunca la presentaba,
como su novia,
sino como su señora.
Ya sus amigos no le preguntaban,
como anda tu novia,
sino como anda tu señora.
A lo que el respondía,
"en buenas manos"
casi automáticamente.
Se prodigaban amor mutuamente,
tantas veces como podían.
Cuando le preguntaban,
cuando iba a casarse,
el respondía sin dudar,
"Ya Dios dirá"
con profundo convencimiento.
En ese sentido,
ahora vivía el presente,
sin importarle el futuro,
pués todo lo que esperaba,
de la vida,
estaba junto a él.
La enfermedades de ella,
si era algo grave,
solamente terminaban,
en un dolor agudo,
en su costado,
durante algún tiempo,
tras el cual,
ella seguro se reponía.
Siendo las cosas,
de esta manera.
El esperaba que su amor,
fuera para toda la vida.
Ya no miraba a otras chicas,
y cuando lo hacía,
era para convencerse,
que después de todo,
su costilla,
no estaba tan mal.
y que el Señor,
había sido generoso con él.
Ella estaba en todo,
no se le pasaba por alto,
palabra alguna,
que hubiera salido de su boca.
Cosa que a él lo dejaba,
mas que satisfecho.
Era sin duda una linda mujer.
El se decía a sí mismo,
que si tenía una bolsa,
y la llenaba de porquerías,
pués eso tendría,
por lo tanto se cuidaba al hablar,
cuando lo hacía con ella,
de tal suerte,
que siempre le contaba,
solamente cosas buenas.
El no olvidaba,
que la buena mujer,
sería como corona,
en su cabeza.
Según estaba escrito.
Y no dudaba,
que si llegara a faltarle,
es allí donde estaría,
por siempre.
Porque ella era,
sin dudas una buena mujer.
Nadie dudaba que era su señora,
ni los desconocidos.
Tanto que si alguien,
vendía rosas,preguntaba
sin pensarlo,
¿quiere flores para su señora?
Eran carne y uña,
literalmente hablando.
Sincronizaban muy bien,
cuando de hablar se trataba.
Ella y él se recordaban,
mutuamente en que habían dejado,
alguna conversación,
se prestaban muchísima atención.
En cuanto a prodigarse amor,
lo hacían hasta saciarse.
Lo que a él lo hacía,
mucho mas agradecido con Dios,
Ya había cambiado bastante,
no era más pesimista,
era más bien optimista.
Y se consideraba afortunado.
Solía repetirse con prudencia,
"los caminos del señor,
son misteriosos".
Sobretodo cuando lo ofuscaban,
los problemas mundanos.
Los que ahora,
según las noticias,
eran alarmantes,
ya no por pesimismo,
tanto como por prudencia.
Tenía que cuidar de ella,
en un mundo,
cada vez mas cruel.
Si bien a ella,
la amaba más que a nada en el mundo,
tan agardecido estaba,
que a Dios lo amaba más.
Ella no tardó en darse cuenta,
de que su corazón,
no era completamente suyo.
Pero como no dudaba de él,
ni de su sinceridad,
le preguntó con curiosidad,
-¿a quien amas más que a nada?
-a Dios-le respondió él
-¿y después?
-a vos mi amor- le dijo
-yo a vos te amo,
más que a nada en el mundo-
le dijo ella dulcemente.
Lo que lo hizo sentirse,
el hombre más afortunado.
luego le preguntó ella,
-¿cuándo tendremos un hijo?
-ya Dios dirá-respondió él
Mientras reparaba en que,
tenía ya bastante,
con tener que cuidar de ella,
como para tener que cuidar,
de alguien más.
No ,definitivamente,
no tenía planeado,
tener un hijo.
Además pensaba,
que la vida,
se estaba poniendo,
muy dura y despiadada,
como para traer,
una criatura al mundo.
Pero no se lo diría.
Esa mañana fué a verla,
como de costumbre,
pero no la recibió ella,
sino su madre,
que lo invitó a sentarse,
un tanto nerviosa,
cosa que él notó,
casi de inmediato.
Acto seguido,
sin saber como explicarle,
comenzó a titubear,
y repetir varias veces,
-este...este...
hasta que se le ocurrió,
como comenzar a explicar,
-a tu señora no la vas a poder,
a venir a ver nunca más.
-¿porqué?
-¿qué pasa?
preguntó dubitativo
-se fué-dijo la madre
-¿A donde?
-tuvo un accidente!!!
dijo casi llorando,
-y murió-dijo ya llorando
el se fué hasta el portal
y se quedó parado un lago rato,
Ella después de tranquilizarse,
se arrimó a él,
y le preguntó
-¿como estás?
el se acrició las costillas
y estaban todas,y contesto
-Bien entero
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